Compartiendo Nuestra Historia
Descubriendo su Vocación
Michael Edwards era el típico adolescente feliz, buen estudiante y deportista. Pero su vida cambió dramáticamente a los 16 años, cuando fue diagnosticado con mielitis transversa, una inflamación de la espina dorsal que puede provocar la parálisis. Afortunadamente, Edwards recuperó la movilidad unos meses después, pero quedó cambiado para siempre. Esta experiencia difícil le hizo ver las cosas con otra perspectiva y le inspiró a empezar a trabajar con personas con discapacidades. Hoy día, Edwards es un profesional de servicio directo en la residencia de la red de YAI en Wheatley Heights, donde ayuda a los adultos con discapacidades del desarrollo a alcanzar el potencial máximo en sus vidas.
Hay más de 75,000 profesionales de servicio directo (DSP) en el Estado de Nueva York. Son personas que trabajan directamente con personas con discapacidades del desarrollo y del aprendizaje para potenciar sus vidas en la comunidad. Es un trabajo que requiere gran paciencia, compromiso y compasión. La dedicación y apoyo de estos profesionales para la integración en la comunidad de los individuos con discapacidades ha sido reconocida por el Congreso, que ha declarado una semana en su honor en septiembre.
“Los profesionales de servicio directo son la clave del éxito de nuestra agencia y de la calidad de nuestros servicios para personas con discapacidades y sus familias”, dijo el Dr. Philip H. Levy, CEO y Presidente de la red de YAI. “Es una satisfacción que el Senado haya reconocido las increíbles contribuciones que ellos hacen al dedicar una semana en su honor”.
Tanto los residentes como los demás empleados en Wheatley Heights elogian la labor de Edwards.
“Michael me hace feliz”, dijo Alison, una de las residentes. “Tiene mucha energía y me ayuda a superar mis dificultades”.
“Michael siempre es positivo y motiva a nuestros residentes para que den lo mejor de sí mismos cada día”, dijo Victor Connolly, supervisor de la residencia de YAI en Wheatley Heights.
Edwards asegura que toda su dedicación encuentra recompensa en el propio trabajo.
“Los residentes son los mejores”, dijo Edwards. “Se preocupan los unos por los otros, y también por mí. Ya no fumo gracias a ellos. Es maravilloso: nos ayudamos mutuamente a ser mejores personas”.
